"Fui el primer negro en alquilar un piso en calle La Unión"
Alou Keita se puede considerar malagueño. No pertenece a la multitud de africanos que expusieron su vida en patera para llegar a Europa. Aquí arribó de casualidad en 1996; no había cayucos. Vive junto a una mujer malagueña, con la que tiene dos hijas, y puede ser uno de los muchos ejemplos de integración que hoy día nos podemos encontrar. Regenta un local de venta de golosinas y periódicos en la urbanización La Roca y, a sus 39 años, se le nota satisfecho de la aventura que empezó en su adolescencia, cuando salió de su Bamako (Malí) natal en busca de una salida distinta para su vida.
"¡Fui el primer negro que alquiló un piso en calle La Unión!", exclama al mismo tiempo que lanza al aire una sonora carcajada. De porte optimista constante, 'Alí' -como le dicen sus clientes, aunque su nombre se pronuncia 'Alú'-, atiende el tenderete mientras llegan jóvenes por los chicles del día: "¡Son 60 euros!". Todos saben que se refiere a céntimos. Algún despistado le puede reprobar: "¡Qué caro!". "¡Bueno, te lo dejo en sesenta céntimos!". El simpático negro recibió el nombre de 'Musampa' durante la época que el futbolista estuvo en el Málaga: su pelo con rastas -ahora con un 'look' que le deja descubierto el cuero cabelludo por la derecha- ayudaba al fácil y urbano 'bautismo' de los chicos y chicas del barrio.
"No, yo no fui el primer negro que llegó a Málaga, pero hace trece años no éramos tantos. Ni mucho menos. Lo que sí te aseguro es que fui el primero que alquiló un piso en calle La Unión".
No sería fácil, ¿verdad?
No, no. Veía los anuncios, hacía las llamadas y cuando me acercaba a hablar con el propietario, casi siempre me encontraba la misma respuesta. "Verá usted, acabo de alquilarlo". No les gustaba mi pinta: negro y con los pelos largos recogidos en rastas. Pero yo creo que más bien es que no se fiaban de la persona porque no la conocían.
¿Y cómo lo logró?
Porque me encontré con un señor, malagueño, que había sido emigrante casi toda su vida en Italia y no dudó en llegar al acuerdo. Me dijo que lo único que pretendía era que le pagara.
Vivía en los campos de la capital de Malí, junto a su padre y sus hermanas, ¿cuándo salió de allí y por qué?
Tenía unos 14 o 15 años y le insistí a mi padre en que pretendía salir. Nos dedicábamos a la ganadería y al campo, y no me gustaba aquella vida. Pretendía abrirme las puertas en otro mundo. Vendimos un par de reses y pude contar con un dinero para empezar mi itinerario: estuve tres años en un país vecino, Costa de Marfil. Después regresé tres o cuatro meses a casa.
Y siguió la aventura...
Sí, sí... Argelia, Libia, Túnez, Egipto... Aprendí el particular árabe de cada uno de esos países.
¿Trabajaría de lo que se terciara, claro?
Transportista, descargando camiones, vendedor ambulante, jardinero... He dormido en la calle cuando no tenía dinero. En El Cairo la gente dormía en los cementerios. ¡Claro, si no tienes donde dormir, has de quedarte en la calle! En Libia estuve tres o cuatro años: era agricultor y no faltaba el trabajo, pero no había vida. Todo era trabajar y dormir.
¿Cuándo llega a Málaga?
Acabé aquí de casualidad. Tenía billete para ir a Malí, pero debía hacer escala en Marruecos. Era al día siguiente cuando salía mi vuelo. Pero en el aeropuerto me encontré con africanos que me contaban que se iban a Europa. No lo tenía ni previsto, pero decidí irme a Ceuta. Allí estuve cuatro meses para acabar, por medio de la Cruz Roja, en un piso de la calle Eugenio Gross, junto a otros africanos. Era el año 1996. Encontré trabajo en Lucena, donde ejercí mi verdadera profesión, soldador, en distintas fábricas de muebles. Después de varios años opté por abrir la tiendecita y aquí estamos.
En esa época, quizás las dificultades de integración eran mayores, ¿no?
Sí, pero yo siempre lo he entendido. Jamás consideré una actitud de un español como agravio o comportamiento racista. Simplemente, entendía que no se fiaran de una persona a la que no conocía. No he apreciado xenofobia en España.
Cuando le vio la primera vez la familia de su compañera, ¿qué cara pusieron?
No dijeron nada, pero yo sabía que no les hacía mucha gracia. Era cuestión de tiempo: yo le dije a ella que lo único que importaba es que nosotros nos quisiéramos, que con el transcurso de los años me conocerían y todo sería distinto.
Antes, recordando una fecha, me hizo referencia a Bob Marley, ¿le ha marcado el cantante?
Me entusiasmaba. Desde niño llevo el pelo así por mi admiración hacia él. Mi padre me lo cortó varias veces mientras dormía, pero yo insistí siempre en dejarme las rastas.
La tragedia de África y las muertes en las pateras, ¿cómo las evalúa?
África tiene recursos naturales más que suficientes para acabar con la miseria, pero para lo único que sirve es para que Occidente se beneficie de los mismos y no aporte nada por eso. Eso no tiene arreglo. Y lo de las pateras es inadmisible: unas mafias que trafican con seres humanos. Si yo llego a tener que venir a Europa en patera, jamás lo habría hecho.
Le piden otros chupa-chups y bromean con cualquier cosa. 'Alí' responde, pide diez euros escondido entre las bolsas y cajas de su pequeño habitáculo. Ocho o diez horas diarias de rutina, de contacto con el público, de sonrisas, de vida... En casa le esperan su mujer malagueña y sus hijas malagueñas. Algún día, cuando ahorre lo suficiente, las llevará a Malí para que conozcan a su padre y a sus hermanas.
Comentarios (1)
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13-01-2011 09:49:31 waipseCecialp dice:
Leer el mundo blog, bastante bueno

