Un árbitro, contra el insulto en el fútbol
Ángel Andrés Jiménez Bonillo, árbitro de la delegación de la Costa del Sol del Colegio Malagueño de 31 años, lleva varias temporadas empeñado en cambiar el poder establecido en el mundo del fútbol: erradicar el insulto, la falta de respeto y las agresiones. Su objetivo, pleno de sentido común y sin un desliz en los argumentos, resulta extravagante dada la situación que parece inherente a este deporte, sobre todo en categorías de base. Pero él no se amilana. No tiene nada que perder.
En la página web que abrió el año pasado -www.deportesininsultos.com- recoge apariciones en hasta diez medios de comunicación. Ese es su logro... por ahora. Profesor de Lengua Española e Historia de las Religiones, Jiménez Bonillo lleva a la práctica cada fin de semana su 'particular' forma de entender este deporte: antes de los encuentros conversa con los participantes y les habla de que se va a celebrar un encuentro deportivo, en el que todos se pueden equivocar, pero que deben evitar cualquier agresión, ni siquiera verbal. A continuación invita a los delegados de los equipos a que transmita esas premisas a los espectadores que, habitualmente, son familares de los contendientes.
"La verdad es que te das cuenta, según la edad de los chavales, por las caras que ponen y las miradas que se intercambian, que en ocasiones da la impresión de que es la primera vez que le hablan así sobre el deporte que practican", comenta el colegiado. Cuando le preguntamos que si eso sirve de algo, él demuestra que se conforma con poco: "Provocar que piensen ya es un avance".
Sabe que el camino es largo y tortuoso, pero está decidido a seguir adelante. "Debemos alzar la voz. Sólo lo hacemos cuando le parten la cara a un compañero, pero todos los fines de semana estamos expuestos en cada campo y, lo que es peor, nos insultan, nos sentimos humillados y no tenemos nada que hacer".
A Jiménez Bonillo hay una frase que se le quedó grabada. Fue de un compañero suyo, quien le confesó hace poco: "Yo prefiero que mi hijo practique cualquier deporte menos el fútbol". Ángel, tras darnos a conocer la aseveración, exclama: "¡Eso es muy triste!".
EL PÚBLICO
Esta semana, los árbitros malagueños han debatido si iban a la huelga. Tres agresiones casi seguidas en el último mes y medio les obligaron a plantear ese paro. Jiménez Bonillo confesó a este periódico que él no era partidario de llevar a cabo la medida extrema, con lo que demuestra que no es en absoluto extremista en sus reivindicaciones.
Sin embargo, reconoce con cierto desconsuelo que no debe acudir a los partidos en calidad de espectador. Acude a un campo, se sienta en la grada y si escucha a alguien insultar le llama la atención y le intenta razonar. Algunos consideran que eso es una provocación por parte del árbitro que es aficionado en ese momento. En la selva da la impresión de que no se admite el sentido común.
Y él se mantiene firme: "Si no hay invitación a pensar, nunca conseguiremos nada. Parece que impera el insulto, y eso es una agresión como otra cualquiera".
El objetivo de Jiménez Bonillo da la impresión de que es una cruzada inútil. Pero, desafortunadamente, cada vez que ocurra algo en un campo de fútbol volveremos a plantearnos que quizás sea imprescindible.







