"Las instituciones promocionan libros atendiendo más a las relaciones que a la calidad"
En 'El sabor de la madera', del malagueño José Luis González Vera, se conquistan dos elementos imprescindibles para que la literatura recupere el territorio cedido a la mediocridad: habilidad para sorprender y una dosis de sarcasmo inhabitual.
González Vera nos regala una novela que camina entre la tradición literaria más genuina y un manual de sociología sobre el individuo occidental del presente siglo. "El sabor de la madera" sitúa al lector en ese lugar privilegiado del que nunca debió irse.
-'El sabor de la madera' reflexiona, de forma magistral, sobre un perfil urbano, contemporáneo, muy concreto. ¿No sintió pudor o miedo al dejar entrever aspectos que usted haya podido vivir, compartir o contemplar?
La novela tiene un truco que ha provocado esta visión de que es profundamente autobiográfica: simplemente le quité el nombre al protagonista y lo difuminé, no tiene apenas cara, con la narración y la perspectiva de una primera persona. Desde el final de una acción empieza a contar cómo se ha llegado hasta ese punto. El juego es consciente porque llevamos ya dentro de nuestro bagaje cultural una serie de novelas que hacen eso, como 'El Lazarillo de Tormes' o 'El Buscón', tratamiento muy empleado durante el Barroco; así como, otra serie de autores que hacen lo mismo como Bukowski y Jack Kerouac en la novela 'On the road'. La pretendida autobiografía de mi novela no es tal, y aunque me hubiera sucedido todo lo que pasa, siempre hay que rehacerlo para que el lector lo entienda, se ría, lo comprenda.
Pero sí hay partes de usted...
Evidentemente, e incluso es inevitable. Las vivencias personales condicionan la visión del mundo. Además, no me gustan los mundos imaginarios, sino la realidad más mostrenca. Utilizo coordenadas muy reconocibles para cualquiera que viva en Málaga y en una determinada época, que es mi mundo. Yo nací en 1964. Todo el que haya vivido esas circunstancias las reconoce. Es como lo que hacía Bukowski y repelía a tantos lectores: cuando escribía un relato, por ejemplo 'Hijos de Satanás', en el que cuelga a un niño, lógicamente nunca hizo eso, pero sí es verdad que tenía un padre terrible que le pegaba todas las tardes una paliza para que cortara el césped con tijera. Tiene sus vivencias y crea el personaje de un niño muy rebelde, aunque él no lo fue. No se rebeló contra su mundo, pero sí lo utilizó en gran parte y lo introdujo en su literatura. Cuando se consigue que funcionen esos trucos el texto literario alcanza su valor. Yo quiero que mis libros gusten a los lectores por estilo, no pretendo ser un autor de mayorías, hacer que esos trucos den una determinada visión de las cosas, y remover las conciencias en torno a lo que significa la soledad.
-La soledad aparece en tu novela como uno de los temas predominantes, siendo motor de la narración en buena parte de "El sabor de la madera". Como escritor e individuo, ¿qué significado encierra la soledad?
Creo ser muy sociable que, además, tiene grandes amigos, sin embargo, me considero una persona solitaria, me gusta la soledad y disfruto de ella. Pero también considero que cuando alguien se ha trabajado su vida en ese sentido tiene más defensas en ese aspecto que otra serie de personas. La cultura es la que nos defiende de la soledad, y que cada uno entienda el concepto "cultura" como quiera. Siempre intento mostrar, como profesor de literatura, las ventajas que tiene ser una persona independiente en tu mundo, en tus libros, con tu espacio, y la experiencia de estar solo. Lo que pasa es que la soledad es un problema para un animal gregario. El humano solitario es raro, inusual. En la sociedad actual se ha alcanzado la paradoja de que las grandes urbes han hecho que la soledad en ellas sea mucho mayor que en una pequeña tribu africana en mitad de la sabana. Por eso he querido reflexionar sobre este tema desde el punto de vista de un individuo contemporáneo, de nuestro siglo, en una ciudad real muy definida como Málaga, y cómo esa soledad la intenta mitigar a través de instrumentos mal enfocados. Y, lo que es peor, interactuando con otra soledad que tampoco sabe gestionar bien sus sentimientos y de ahí surgen los conflictos.
-... Entonces, esas tribus africanas ¿no establecen, en realidad, más redes sociales que nosotros?
Por supuesto, aunque hay que preguntarse si realmente nos apetecería esa clase de redes, estar permanentemente en exposición de la familia, de los amigos, de los vecinos. Experimentar vivir en un mismo espacio en el que se copula, se vive, se defeca, se pelea y se relacionan todos delante de todos. ¿El individuo occidental sería capaz de soportarlo
-¿Qué es lo más arriesgado del oficio de escritor?
Dedicar muchísimos años a un libro, a un trabajo que nunca sabes si va a ser difundido o no. Esto iguala a todos los escritores.
-Las generaciones más jóvenes de escritores parece que han dejado atrás el tema del sexo, o tal vez no saben manejarlo. En 'sabor de la madera' está presente de una forma contundente pero elegante. ¿En qué parte del camino se perdió este gran tema literario?
Que en mi novela salga el sexo es porque para mi generación la sexualidad fue algo problemático, con los niños separados de las niñas. Yo padecí la estricta educación católico-apostólico-romana-nacional-sindicalista. La sexualidad fue algo extraño, raro, nunca tuvimos una idea precisa de lo que era una mujer, ni de cómo había que comportarse con ella. El protagonista de mi novela, al que hago tener más o menos mi edad, con esos condicionantes, pues no sabe tener una conducta sexual mínimamente sana. Quizá ese problema se perpetúe en otras generaciones porque no se resuelve de forma satisfactoria, con los nuevos tipos de relación que existen actualmente, como el sexo-amistad o el sexo-cama. Me sorprende en las generaciones jóvenes porque no han tenido esos condicionantes. Recuerdo el tratamiento que se le da en 'Historias del Kronen', muy salvaje, muy burdo, aunque me reí y me lo pasé muy bien con el libro. Es un tratamiento que se basa más en el aprendizaje de películas pornográficas que en la naturalidad, en el conocimiento mutuo de las personas.
-Los pasajes dedicados a la adolescencia resultan harto divertidos. ¿Decidió tratar con humor esa parte de la historia de cierto peso existencial?
Sí, tenía claro que quería que el lector se riera del personaje, que sonriera ante las situaciones absurdas que el personaje busca. Es una magnífica forma de llevar al lector a la percepción sobre el hecho del que se escribe. La literatura española suele tener muy poco humor, es una literatura muy realista donde el ser humano se ve como un problema, con la excepción de la novela barroca, y Quevedo, que es el mayor escritor español de todos los tiempos.
-Es muy interesante cómo en la novela aparecen diferentes estilos y se utilizan distintos ritmos. ¿Fue algo pretendido
Cuando los personajes hablan entre sí lo hacen de forma muy fluida, sin caer nunca en errores gramaticales, pero el diálogo tiene que ser muy real y muy creíble. Cuando los personajes reflexionan lo hacen más lentamente, con frases lo más condensadas posible, y me permito un alejamiento del lenguaje coloquial.
-La literatura malagueña, ¿goza de buena salud o se está cayendo en una autocomplacencia peligrosa?
Voy a decir algo nada popular: hay un grupo literario muy grande en toda la provincia, aunque focalizado en la capital por población, que goza en general de muy buena, excelente, salud. Por las relaciones que tenemos con escritores de otras provincias, Málaga es una de las más punteras literariamente hablando, sin duda. Estarían Madrid y Barcelona, y después Málaga entraría en competencia con Valencia. Son los cuatro lugares más dinámicos en cuanto a literatura en España. Lo que me preocupa es que la literatura joven se promociona por parte de las instituciones sin atender a la calidad, sino más bien a las relaciones sociales. Eso lo digo, lo mantengo y lo demuestro donde sea, y puede ser la muerte de nuestra creación literaria. Pero ahí están Garriga Vela, Justo Navarro, Soler, Pablo Aranda... Es una generación de escritores muy buenos, pero además hay otros que vienen detrás, no tan conocidos, que dan también un nivel de calidad a la literatura malagueña. De entre los jóvenes, sin embargo, me resulta muy difícil echar mano de alguien.





