La participación laboral de la mujer en Málaga
A lo largo de las últimas décadas, en los países desarrollados, ha venido gestándose, de manera sigilosa, un cambio social de enorme trascendencia como es la progresiva incorporación de la mujer al mercado de trabajo. Tanto es así que en algunos casos está a punto de producirse un fenómeno significativo: la superación del contingente masculino por el femenino dentro de la población activa.
La provincia de Málaga no ha permanecido ajena, naturalmente, a esa tendencia generalizada, como, de forma sintética, se refleja en el gráfico adjunto, en el que se comparan las situaciones existentes en los últimos trimestres de los años 1976 y 2009. Al hilo del mismo pueden efectuarse las siguientes consideraciones:
• El reparto de la población de más de 16 años entre sexos apenas ha sufrido variación: la mujer representa algo más de la mitad en ambos años.
• En 1976 era patente la diferencia de actividad entre los dos colectivos: mientras que algo más de las tres cuartas partes (77%) de los hombres en edad de trabajar trabajaban o querían hacerlo, sólo una cuarta parte de las mujeres (26%) podían considerarse activas con arreglo al mismo criterio.
• En el año 2009 el panorama es bastante distinto: mientras que ha disminuido la tasa de actividad de los hombres (hasta el 67%), la de la mujer casi se ha duplicado, hasta colocarse por encima del 51%.
• Como consecuencia de lo anterior, la participación de la mujer dentro de la población activa malagueña ha pasado del 27% al 44%.
Al propio tiempo también se ha elevado, en una proporción similar, el protagonismo de la mujer dentro de las personas ocupadas, concretamente desde el 29% al 45%. A mediados de los años setenta, por cada mujer ocupada había 2,5 hombres; en la actualidad esa cifra se sitúa en 1,2.
Son muchos los factores (sociales, económicos, culturales, tecnológicos...) que están detrás de esa importante transformación que ha acercado el objetivo de la paridad numérica dentro del mercado laboral. Más difícil de alcanzar se evidencia en la práctica el logro de una igualdad efectiva en el acceso a los puestos de mayor responsabilidad. La experiencia internacional revela que no existe una receta mágica que allane el camino. Más bien se desprende que es recomendable recurrir a un amplio abanico de medidas que posibiliten un marco en el que las personas, sea cual sea su condición, puedan estar en igualdad de condiciones para optar, en función de sus méritos, capacidad y dedicación, a los diferentes puestos existentes. Ante una economía globalizada basada en el conocimiento, ninguna sociedad puede permitirse el lujo de prescindir del talento.

