Andalucía y la convergencia regional europea
Lo verdaderamente relevante para nuestro bienestar económico es cómo evoluciona nuestra capacidad adquisitiva en términos reales, esto es, cuántos bienes y servicios podemos comprar, potencialmente, con nuestros ingresos anuales. Sin embargo, también concedemos gran importancia a cómo es dicha capacidad en comparación con la de las personas de nuestro entorno, de nuestra familia, de nuestro barrio, de nuestra ciudad. La primera es la que determina en qué medida podemos satisfacer nuestras necesidades presentes y futuras; la segunda, nuestra posición en la escala económica.
De manera similar, para los habitantes de una región (si aceptamos que podemos representarlos por un ciudadano medio, con todos los problemas que esto puede conllevar), también lo crucial es si su bienestar económico va progresando en términos reales, pero cobra una importancia esencial cómo se sitúan en comparación con los de otras regiones. A este respecto, cada vez se presta mayor atención a la posición de las diferentes unidades territoriales en esa carrera de fondo en la que cada una, de manera silenciosa, como mejor puede, compite para que su vagón no se desenganche del tren de la convergencia con las más prósperas o, por el contrario, tiene que resignarse a seguir en el de la divergencia, viendo cómo esa distancia se van agrandando con el paso del tiempo.
Los datos publicados recientemente por Eurostat nos ofrecen una imagen de la situación comparativa de las 271 regiones europeas en el año 2007 según sus niveles de renta por habitante. De entrada, las cifras nos dibujan un mosaico lleno de contrastes. Así, por ejemplo, el nivel de vida de las regiones punteras (Londres Central, Gran Ducado de Luxemburgo, Bruselas, Praga, Hamburgo e Isla de Francia) era en ese año diez veces el de las cinco regiones más pobres, localizadas en Bulgaria y Rumania.
El gráfico adjunto representa la distribución de las regiones por niveles de PIB por habitante, indicando el número de las que se ubican en cada uno de los ocho grupos diferenciados. Andalucía se encuentra en el más numeroso, junto a otras 46 regiones cuyo PIB per cápita está comprendido entre el 75% y el 90% de la media de la UE-27. Más concretamente, la renta por habitante de Andalucía equivale al 81% de dicha media.
El gráfico plantea un considerable reto para la Unión Europea: que esa distribución esté en el futuro más concentrada en torno a la media y, naturalmente, que la cuantía de ésta siga aumentando en términos reales. Dadas las disparidades existentes y las complejidades que se derivan de un escenario económico globalizado, del que se derivan enormes dificultades para que algunas regiones puedan escapar del foso del subdesarrollo, el desafío es grande.
Tampoco puede decirse que, para Andalucía, el de seguir avanzando en la senda de la convergencia real, y acceder a grupos de regiones mejor situadas, sea pequeño. Teniendo en cuenta que se trata de la tercera región más poblada y de una de las diez mayores economías regionales de la UE-27, el éxito o el fracaso en ese empeño tienen también repercusiones de alcance nacional y comunitario.
Teniendo que asumir que, de un año a otro, las fotos no se prestan a milagros, cabe desear que cuando se celebre, por ejemplo, el cuadragésimo aniversario de la autonomía andaluza y alguien revele la foto de la familia regional europea, hoy tan dispar, Andalucía siga destacando por su dimensión económica y social, y haya mejorado sustancialmente su nivel de renta relativo.

