El hombre invisible
Voy a descubrir un secreto. Me dispongo a certificar que, ante usted, se encuentra el verdadero hombre invisible. Yo ya lo intuía, mejor dicho, lo sabía con certeza, pero la otra noche se confirmó en toda regla. Y además tengo testigos que lo pueden confirmar y lo ratificarán ante notario. Era la noche del Viernes de Dolores y nos dirigíamos a pillar algún traslado que veríamos por el centro o sus aledaños. Como es típico en estas fechas, la ciudad ha duplicado el número de sus pobladores, entre habituales ciudadanos y forasteros visitantes. Pero todo empezó antes de salir de paseo con un suceso que nada tiene que ver con la invisibilidad. Narraré rápidamente la crónica de lo acontecido.
Desde el salón de casa se escuchó un aviso de "¡Nos vamos!" justo cuando recordé que tenía que hacer un par de breves llamadas telefónicas: una a 'Poli' y la otra a Rolando. Como llamadas breves que eran, duraron justamente veinticinco minutos, después mi estómago requirió mi atención para dirigirme momentáneamente al aseo. En esa estancia transcurrió aproximadamente otra media hora. Entonces fue cuando mi hermano me explicó lo que quería decir "si no pasa ná" del programa de humor 'La hora de José Mota'. "Que sepas que no pasa ná, pero que ser eres" "¿El qué?" "Un pesao" "Pero que no pasa ná, que es incluso bueno; pero que sepas que ser eres... un pesao".
Después de este corto intervalo de una hora, por fin salimos a la calle. Antes de extenderme sobre mi secreto aclararé que soy medio invidente, es decir, con un ojo no veo nada y con el otro soy miope de narices, bueno, de ojos. Por otra parte tengo la obligación de subrayar que ya era la hora del crepúsculo y que no llevaba puestas las gafas de visión nocturna. Por todo ello, admito desde ya que esa noche era un peligro andar cerca de mí porque veía menos que un piojo e iba con la silla a motor. Los piojos suelen ver muy poco, especialmente cuando van ciegos como piojos, particularmente si está a punto de anochecer y sobre todo si no llevan puestas las gafas.
Al llegar a calle Larios, había, aparte de la multitud, un grupillo de muchachos y muchachas pertenecientes a una agencia internacional (ACNUR) defensora de los ciudadanos refugiados deteniendo a las personas que transitaban la calle, pidiéndoles que se comprometieran a realizar una serie de donativos mensuales para la causa por la que se encontraban allí. El motivo de la cuestación era dotar de recursos a estas personas que viven desplazadas de sus lugares de origen. En más de una ocasión corrían tras los paseantes para presentarles las excelencias del producto que vendían; es decir, de la loable labor que realiza ACNUR.
Yo realmente estaba interesado en conocer la historia de que todo el mundo estaba siendo informado. Por ello me puse junto a ellos y levanté la mano repetidas veces para atraer su atención y que me explicaran a lo que se dedica esta agencia internacional. Sobra decir que no me hicieron caso. En ese instante se aproximaron mi hermano y su mujer hasta donde yo estaba. Como por arte de magia, se acercó entonces una chica que les dio todas las explicaciones necesarias para que se implicaran con su organización.
Esa fue la primera ocasión en la que claramente me percaté de que soy el hombre invisible. Pero ahí no quedó la cosa. Más adelante se acercó una persona preguntándole a mi hermano dónde se encontraba cierta calle (ejemplo clarísimo de que la ciudad estaba repleta de forasteros: cuando uno le pregunta a otro por el emplazamiento de un lugar). Mi hermano, que habitualmente vive fuera, no sabía el paradero de ese sitio, y se dirigió a mí para preguntarme la ubicación de esa calle. La persona debió flipar al ver que mi hermano se dirigía al vacío antes de responderle con seguridad dónde estaba la calle.
Al final del paseo, mi hermano me dijo con calma: "Ser eres, que lo sepas; pero que no pasa ná". A eso yo respondí: "¿El qué soy?... el hombre invisible".
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Comentarios (2)
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05-04-2009 13:49:25 PSoria dice:
Cesar, esto te pasa por no llevar los intermitentes ni las luces reglamentarias encendidas cuando anochece. Debe ser una costumbre muy malagueña, porque muchos coches que circulan a más de 50 km/hora por el Paseo Marítimo Ruiz Picaso al amanecer de los lunes, los martes etc camino del trabajo, tampoco las llevan "pero no pasa ná"
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06-04-2009 02:45:00 Koe Koenigsberger dice:
Hola César, me identifico plenamente con esta clase de ignorancia que sufrís los que tenéis una discapacidad física y os véis obligados a ir en silla de ruedas. A mi hermano, con el que suelo pasear siempre que voy a visitarlo, le ocurre a menudo. Por cierto, hay un tipo de personas con poderes sobrenaturales para ver y no ignorar a los hombres invisibles, que son: los niños, que se quedan absortos mirándolos, y los locos, que suelen saludarlos y piropearles efusivamente. ¿Verdad que este fenómeno lo habías observado?
