Viernes 30 de julio de 2010

Recuperar el instinto

02-03-2010 08:21 - Cristina Consuegra
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Chantal Maillard

 

«Cuando en mis reflexiones intervienen las manos además del cerebro, tengo la sensación de pensar con claridad»

Homenaje a Gaia, James Lovelock

 

Hace algunos meses, tuve la oportunidad de entrevistar a Chantal Maillard con motivo de la publicación de su proyecto 'La tierra prometida' (Milrazones, 2009), en el que han colaborado  los artistas Joan Cruspinera y Josep Bagá, y para el que ha contado con el apoyo imprescindible de la editorial Milrazones. El pasado miércoles 24 de febrero, en el espacio Cincoechegaray, tuvo lugar la presentación de este no libro de poesía, cuyo acto fue cerrado con una letanía poética que respiró gracias al aliento de la intimidad colectiva que allí se había generado.

 

¿Qué decir de este no libro? ¿Cómo recomendarlo? Pero sobre todo ¿cómo leerlo? Seguro que no acierto a responder a estas tres preguntas, pero sí me aventuro a decir que 'La tierra prometida' no ha sido concebida para ser leída, sino que ha sido concebida para ser sentida, verbalizada, transmitida, cantada y murmurada. Una tierra que debe ser alejada, tanto como podamos, de nuestra capacidad reflexiva, para ser guardada en ese fragmento de nosotros donde habitan los instintos más primarios, donde tiene sentido el miedo irracional y la inseguridad, las alegrías remotas, las rutinas que humanizan... Albergada donde yace el origen de nosotros mismos.

 

'La tierra prometida' no aspira a liderar los puestos de venta, ni atesorar atenciones de suplementos literarios. Sus aspiraciones son mucho más honestas y profundas: aspira a conceder (nos) un espacio junto a las palabras que la construyen, aspira a dar cobijo junto a (entre) los nombres de las especies de animales que hemos ido aniquilando, maltratando, quitándole la dignidad que todo ser vivo tiene. Aspira a invitarnos a recuperar el instinto que hemos ido perdiendo en este extraño camino que se llama vida.

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"La tierra prometida cumple para mí una función bastante similar: es a la vez un memorial, una estela, un monumento en el que figuran los nombres genéricos de algunos de los miles de animales que han perecido, que perecen, o están a punto de perecer. Y también es fuego y obelisco, columna y ofrenda para aquellos desconocidos como individuos que perecen, y perecieron y perecerán por obra de otros animales que proliferan por encima de los límites de lo que el organismo terrestre nos permite y en detrimento de todos los demás a los que maltratamos y hemos maltratado."

Chantal Maillard, sobre 'La tierra prometida'.

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