Réquiem para Eloy
Triste es la noticia cuando nos llega desde ese lugar común, la muerte. El domingo pasado se anunció en distintos medios el fallecimiento en Buenos Aires del periodista y escritor Tomás Eloy Martínez. Como última voluntad el tucumano quiso que se le despidiera con jazz, tangos, música clásica, gin tonic y papas fritas, y así se hizo bajo una lluvia que no pudo aplacar el intenso calor del martes pasado en el cementerio de Pilar. Cuando había muerto el general Perón, personaje sobre el que había escrito, una crónica de la época había titulado "El cielo también lloró". Podría decirse lo mismo de Eloy Martínez, pero esta vez parecía que el calor subtropical de la jornada provenía de su ciudad natal, San Miguel de Tucumán. Así quizá le despedía su tierra.
Nacido en 1933 fue, junto a Rodolfo Walsh, uno de los primeros que acercó el periodismo a la literatura cuando Truman Capote aún no había concebido A sangre fría, su mayor novela. "Como informar con llaneza y alinear los hechos en un orden militar era para mí empobrecerlos y deslucirlos, lo que hice fue narrarlos", escribió en la nota que envió a la entrega de los premios Ortega y Gasset. Sobre el periodismo dijo: "Es, ante todo, un acto de servicio". "Ser periodista significa ponerse en el lugar del otro, comprender lo otro. Y, a veces, también ser otro".
Hombre cosmopolita, elegante, comprometido con lo que ocurría en la Argentina de entonces, indagó en hechos históricos a veces periféricos, dotándolos de una luz y un matiz que ponían de relieve aquellos rincones de los que no se había ocupado la Historia. Contundente, eficaz, incómoda e inclasificable por sus oscilaciones entre el periodismo y la literatura, la obra de Eloy Martínez supo denunciar con exquisito lenguaje los crímenes y abusos cometidos durante ese oscuro período del país conocido como 'Proceso de reorganización nacional', época que algunos todavía añoran. Así, en La pasión según Trelew (1979) narra la fuga de 16 guerrilleros de una cárcel en la Patagonia luego asesinados por sus carceleros. El libro fue quemado públicamente por el régimen en la provincia de Córdoba y el escritor tuvo que exiliarse en la ciudad de Caracas.
En los relatos de Lugar común, la muerte (1976), el autor pone de relieve la figura de escritores como Augusto Roa Bastos, Filisberto Hernández, Sant John Perse, Macedonio Fernández, entre otros. "Fue un notable pintor de atmósferas. Le fascinaban las singularidades, lo irrepetible. Sabía fijar en expresiones únicas el flujo del tiempo que no vuelve", afirmó en una columna del diario La Nación el poeta y filósofo Santiago Kovadloff. Recuerdo la atmósfera oscura, pesada, que supo recrear en la entrevista que mantuvo con Perse y en la que éste afirmaba que la poesía borgeana carecía de emotividad. La prosa de Lugar común...es exacta y poética. Y lo es aún más en la narración que hace sobre el bombardeo a Hiroshima y Nagasaki. Los testimonios de los gembakusho nos llevan a comprender que el infierno abrió sus puertas en dos sitios distintos en agosto de 1945.
En La novela de Perón (1985) hace el mejor retrato de quien fue presidente durante tres períodos en Argentina y es la respuesta literaria a Las memorias de Juan Perón recogidas en el semanario Panorama. Con Santa Evita (1995), dura novela sobre el imaginario de una sociedad, interroga en el manoseo al que se sometió el cadáver de Eva Perón y señala un modelo de transfiguración literaria de reconocida precisión estética. En ella el narrador nos dice: "Acumulé ríos de fichas y relatos que podrían llenar todos los espacios inexplicados de lo que, después, iba a ser mi novela. Por ahí los dejé, saliéndose de la historia, porque yo amo los espacios inexplicados". En ambas novelas, sin embargo, ha trabajado la cuestión del mito, porque ambos personajes perduran bajo su dominio, alimentado por el imaginario de los que vivieron cuando estuvieron en el poder y por cierta pseudoizquierda que hoy gobierna el país.
En El vuelo de la reina, a la que se le otorgó el Premio Alfaguara en 2002, a través del protagonista parecen los recuerdos del escritor en San Miguel de Tucumán y Buenos Aires. Escrita como relato policial, la novela sitúa los hechos en un contexto en el que reina el neoliberalismo. El protagonista de la historia, se desempeña como director de 'El Diario' y ha mantenido la línea editorial del medio que dirige lejos de la genuflexa actitud que los demás tienen con el presidente. Él sostiene su posición de fiscalizador y no se amilana ante las represalias o consecuencias negativas que esto podría traer. Para esto, uno de los principales colaboradores del presidente aparentemente comete suicidio y Camargo decide investigar a fondo el hecho noticioso. Así le llegan a la redacción unos datos sobre el posible lavado de dinero que estaría efectuando el hijo del mandatario en el extranjero a través de unas cuentas bancarias. Él decide que debe comunicarse con todos los redactores de los diferentes medios internacionales, por lo que, luego de un tiempo, el director del diario brasilero que lleva el mismo nombre que aquel donde empezó el autor, 'La Gaceta', de Brasil le confirma y proporciona más datos sobre la malversación del dinero. Aquí, justamente, empieza la historia.
Eloy Martínez supo escudriñar, describir e interpretar la realidad de un país que se mueve por las antinomias y en el que nada parece terminarse porque lo comenzado hoy será derribado u olvidado por los que vendrán mañana.
Sobre él escribió en un artículo aparecido en el diario El País en octubre de 2009: "Argentina se convirtió en un campo de batalla entre facciones que se disputaban fragmentos de poder y que obedecían, todas ellas, a diferentes caudillos únicos intolerantes con las ideas de los otros. Cada uno de esos caudillos, a su turno, fue debilitando las instituciones, estimulando formas de corrupción cada vez más sofisticadas y más sometidas a la voluntad de quien estuviera al mando. (...) También el periodismo pierde la calma. Si el gobierno se crispa, si los humores se enardecen, el periodismo lo imita: se divide en facciones efervescentes, sordas a las razones de los bandos opuestos. El periodismo debería releerse a sí mismo. Muchos de los intereses y principios que defiende y predica hoy son inversos a los que defendía ayer".
Esperemos que los que vendrán no cometan con su obra aquello que denunció: la infame impunidad del olvido.
Comentarios (1)
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08-02-2010 01:50:43 alvaro trejo dice:
Muy bueno el articulo, el cielo no siempre suele llorar, solamente lo hace en ocasiones especiales para personas igual de especiales. un abrazo desde tucuman.
