Sobre la sardana
Hace poco mientras leía un poema de Jaime Gil de Biedma -aquel 'Barcelona ja no es bona, o mi paseo solitario en primavera'- recordé la tarde en que por primera vez vi bailar la sardana, esa danza que un argentino del norte consideraría "la chacarera de estos pagos". No sé por qué fue precisamente ese texto el que me remitió a recordar aquella danza. Quizá fue el tono melancólico y la mención de ciertos lugares de la ciudad, o tal vez el hecho de que me recordara la conversación que tuve con un amigo catalán sobre este baile. Como se ve, en ocasiones, la memoria, como Dios, funciona de manera misteriosa.
Recuerdo que la primera vez que vi cobrar vida a la sardana fue durante el Día de Sant Jordi, y la segunda, en la Fiesta de la Merced. Seguramente el lector sabe de lo que hablo y ha visto a los bailarines incontables veces; sin embargo, quiero señalar algunas características que me llamaron la atención. A diferencia de la mayoría de las danzas de mi país, en las que el espacio en que se desenvuelven los movimientos es amplio, la sardana hace uso del espacio en función del número de bailarines; dado que es comunitaria, abierta, cualquiera puede introducirse en el círculo y la danza así ocupará un mayor o menor espacio. Ahora bien, intentar seguir los compases que dicta la cobla mientras se baila no es cosa fácil. Pregunte si no a los turistas que en medio del paseo se topan con una cobla y unos balladors. Hay que verlos cómo miran con cara de qué-cosa-hacen-estos-que-bailan-de-forma-parecida-a-Antony-Queen-en-Zorba-el-griego-pero-más-difícil, mientras tratan de imitar a las personas que danzan a la vez que se preguntan por-qué-tan-serios-los-bailarines. Y ello se debe a que los compases y los pasos de la sardana son complicados, por eso la seriedad de quienes están en la ronda; ellos deben contar para no perder el ritmo. Por otra parte, dicen los que saben del asunto que ella está emparentada con las danzas helénicas, por la manera en que se manifiesta: varones y mujeres se alternan tomados de la mano y formando un círculo. Esto la acercaría a las danzas solares presentes en esa cultura.
Ahora bien, siendo la sardana como es, yo me preguntaba cómo harían los catalanes en otros tiempos para conquistar a una mujer en medio del baile. Las danzas en mi país son para el galanteo, el hombre busca conquistar a la mujer en los 'arrestos' de la zamba, en los encuentros de la chacarera, en el escondido. Pero aquí la danza, al ser comunitaria, y sería, impide el 'chamullo'. Debería ser una cosa muy seria y complicada la conquista en medio de la danza, porque contar y conversar son dos actividades que no se dan juntas. ¿Y qué dirían las sacrosantas suegras y los suegros en aquel entonces? Por otra parte, todos se enterarían que aquel iba detrás de alguna mujer, porque en vista de la cara que suelen tener los enamorados, serio no habría estado.
Pero dejemos a los enamorados a un lado. Otro de los rasgos que observé en aquellas fiestas es que no había jóvenes entre las personas que danzaban. No obstante, me explicaba mi amigo el catalán que no es porque los jóvenes no la practiquen, ya que existen centros donde puede ser aprendida, sino que a la hora de bailar es la gente grande la que toma la iniciativa. Me decía también que a diferencia de lo que suele ocurrir en otros países de Latinoamérica, en donde incluso se baila casi todos los días algún ritmo local, en Cataluña la sardana se baila siempre en las fiestas mayores de la ciudad.
Por otra parte, supe luego, que se organizan concursos de sardana donde los músicos de la cobla llegan a complicar la disposición de los compases para desafiar a los bailarines a seguir el ritmo. Y eso sí que es toda una novedad porque en contraposición a lo que ocurre en Argentina, donde en los concursos se premia a los bailarines por otras cosas, aquí hay que seguir a rajatabla las improvisaciones de los que interpretan la música.
Como se ve, bailar en Cataluña en ocasiones es difícil. Casi como vivir en estos extraños tiempos. Sin embargo, la cuestión está en intentarlo.
La sardana -milenaria, abierta, comunitaria, seria, compleja- no deja de tener a pesar de todo esa rara belleza que nos atrapa cuando la escuchamos y cuando vemos cómo se baila. Es, como ha escrito Joan Maragall, la danza "de todos aquellos que se juntan y se van", y quizá por ello la danza de cualquiera que la haga suya.
Comentarios (2)
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12-03-2010 18:04:36 JORDI TOMAS dice:
Amigo Gastón, no seamos ingenuos: aparte de bailar sardanas en las plazas mayores durantes las fiestas populares, han coexistido siempre otros bailes (y en otros entornos) más propicios al enamoramiento. Hoy en día, estos bailes sólo podemos verlos en manifestaciones folklóricas de los "esbarts dansaires".
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12-03-2010 19:59:28 Gaston Cordoba dice:
Estimado Jordi: gracias por leer. Obviamente, sé que había, y hay, otros bailes que permiten un tipo de acercamiento que la sardana no posibilita por sus características coreográficas. Como sabrá uno de esos bailes es el "ball cerdà". No obstante, de la misma manera que los "figuetaires" cuando bailan, he querido tomarme un licencia humorística e imaginar la situación que señalaba en el texto, sin que ello vaya en desmedro de mi admiración y de mi interés por esa danza. Un saludo.
