El 'loco' Matías
Hoy quiero contarte una historia sobre un malagueño muy singular, que en mi adolescencia conocí. Se llamaba Matías Ortega Ruiz y estaba total, absoluta, y maravillosamente loco.
En la Málaga de los años cincuenta -en la que casi todo estaba prohibido- una de las distracciones de los paseantes era la inconfundible imagen de Matías, y sus discursos cargados de fina ironía y de extrema agudeza, aunque al final de ellos sus patadas en el suelo y su inevitable -¡¡Y lo digo yo... lo dice Matías...!!- a voz en grito, desvirtuasen todo lo que de inteligente había en sus palabras.
En los soleados domingos primaverales del sur, cuando en calle Larios, en Puerta del Mar o en la Alameda se advertía una aglomeración de gentes en derredor de alguien, sólo había dos posibilidades: o un vendedor de estilográficas Parker a cinco duros la unidad -más falsas que Judas Iscariote- o la inconfundible oratoria de Matías, congregando en su entorno a un público numeroso, entre sonriente y reflexivo.
Matías no era en modo alguno un loco peligroso. Matías era el producto imperfecto -por causas psíquicas- del alma poética, romántica y pragmática de la gente del sur.
Su verbo era ameno, florido, pleno de poesía. Podía mantener discusiones con sus contertulios sobre religión o filosofía que hubiesen sorprendido a un erudito; gustaba de la polémica, no se le conocía domicilio fijo, y se contaba -seguramente de manera incierta- que había sido persona de gran inteligencia y valía, al que un desengaño amoroso sumió para siempre en una locura interminable.
A nosotros -jóvenes estudiantes de enseñanza media- nos encantaba pensar que eso era cierto, y cada domingo hacíamos nuestra particular excursión por las calles de la ciudad en busca de Matías, para deleitarnos con sus genialidades y reírnos con sus locuras.
Vivía de la caridad pública y de todos reclamaba sustento y ayuda al estilo de San Francisco de Asís; es decir, pensando que no era -ni mucho menos- afrentoso el hacerlo.
Cierto día, en que como siempre deambulaba por las calles, se dirigió a una vecina de él conocida, asomada a su terraza, en demanda de una aguja e hilo con la intención de coser un botón, a punto de desprenderse de su raída chaqueta.
La mujer atendió a su petición, pero la aguja acabó por perderse entre los adoquines de la calzada, por lo que Matías volvió a dirigirse a ella en estos términos:
-Mira, Antonia, para evitar que se pierda de nuevo, tírala pinchada en algo, por ejemplo... en un bocadillo de jamón.
En otra ocasión que -como era su costumbre- se hallaba perorando en plena calle, desde uno de los balcones próximos un grupo de seis o siete mujeres le dirigían constantes frases de burla, con ánimo de provocar en él una de sus imprevisibles reacciones.
Cansado ya, nuestro hombre levantó la vista hacia ellas y a grandes voces les dijo:
- ¡No paro de pensar en una cosa...!
- ¿En qué, Matías, en qué...? -preguntaron las mujeres a coro-.
-¡Que no comprendo cómo no se viene abajo ese balcón, con tantas rajas como tiene...!
La frase -escandalosa en aquella época- hizo que las mujeres, con sonrisa de complicidad por haber logrado lo que querían, se retirasen al interior entre las carcajadas de los transeúntes.
Un día, dejamos de ver a Matías por las calles. Después nos enteramos que había sido ingresado en el pabellón Psiquiátrico del Hospital Civil de Málaga, donde años más tarde moriría, en la soledad en la que siempre había vivido.
El loco genial de toda una generación, siguió no obstante perviviendo en nuestros comentarios, nuestra memoria y nuestros corazones y aún hoy -tantos años después- recuerdo sus risas, sus locuras y sus genialidades.
Matías fue un loco maravilloso, ingenuo e inofensivo, producto de una España cándida, reprimida y pacata, que por boca de personajes como él, se expresaba, soñaba y vivía.
Recibe un afectuoso abrazo desde Barcelona.
Comentarios (8)
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08-03-2010 22:22:51 J.M. Hidalgo dice:
Amigo Jose: Agradecido a tu comentario. En los años a que me refiero había mucha gente singular por las calles de Málaga. Sin embargo hoy, personajes como Matías no tendrían espacio ni sentido, porque los locos – mucho más peligrosos de lo que él era – conceden entrevistas en televisión y encima cobran por ello. Un abrazo
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08-03-2010 15:49:43 Jose dice:
Recuperar esta literatura costumbrista es dar a conocer la Málaga eterna y genial. Pero de aquella Málaga, en lo pintoresco, va quedando poco.
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18-06-2010 03:46:10 JOSELUIS DELGADO ROSA dice:
Soy malagueño y vivo en Rosario(Argentina) desde los l6 años. De Malaga salí a los 6 años y nunca volví. Me he emocionado al leer tu comentario de Matías: mi madre, que murió en el 2002, siempre lo recordaba con nostalgia. Por favor, querido José, sigue escribiendo en esta página sobre él para contarle a mi tía, de 91 años, estas historias que ella junto a mi madre vivió. UN ABRAZO. José Luís.
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19-06-2010 18:09:08 J.M. Hidalgo dice:
Querido paisano José Luis: En primer lugar muchas gracias por tus palabras, que me animan a seguir contado cosas de nuestra tierra. Es maravilloso que pese al tiempo y la distancia sigas sintiéndola así... Un abrazo transoceánico hasta Rosario.
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30-06-2010 01:15:16 Jose Luis Delgado Rosa dice:
Nuevamente emocionado, puedo decirte que a los 66 años de mi vida, cada día siento más a España: me emociono con mis recuerdos vividos ahí, con los triunfos de Nadal, Alonso, de nuestra selección de fútbol (hace un rato victoriosa ante Portugal) y sobre todo con mi 'nacionalidad malagueña'. Querido Hidalgo, sigue escribiendo sobre nuestra querida Málaga. Un sincero abrazo.
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01-07-2010 03:07:26 Jose Luis Delgado Rosa dice:
Quiero agregar, querido Hidalgo, y referente a nuestro vocero callejero Matías que, cada tanto, hacía mención en sus discursos a su "amistad" con el Generalísimo Franco; en esas ocasiones se dirigía a los presentes de esta forma: Pedía suma atención de la concurrencia y tras un paréntesis verbal, extraía del bolsillo de su chaqueta una carta. A continuación con voz grave decía: "¡Acabo de recibir una carta de nuestro Caudillo que a continuación paso a leérsela..., y dice así...: ESTIMADO COLEGA... Y leía todo el contenido de lo escrito donde supuestamente Franco contaba a su "amigo" cosas personales y de Estado, redactadas de tal manera que hasta parecían creíbles. UN ABRAZO.
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03-07-2010 02:41:06 JOSE LUIS DELGADO ROSAj dice:
Para Jose María Hidalgo. Por lo que ves, me he vuelto obsesivo con el tema de las imágenes costumbristas típicas de nuestra Málaga. Me siento impotentemente "vacío" en mis conocimientos sobre el tema, tras haberme endulzado con el sabor de mis limitadas experiencias y/o conocimientos vividos en mi infancia, la que pasé postrado por un problema de salud provocado de los 2 a los 4 años... Pero entre lo poco que viví en mi ciudad natal más lo escuchado por mis padres, he podido hilvanar, aunque no todas las que quisiera, anécdotas y recuerdos; uno que me viene a la memoria es el PIYAYO, cuya película en blanco y negro ví en mi temprana edad; recuerdo que la protagonizaba MIGUEL LIGERO y te juro que su argumento me hizo llorar por bastante tiempo.... En fín, quisiera "llenarme" de historias verdaderas como la que precede en esta página. Quizás las nuevas generaciones no sienten como los que estando "doblando el codo de la vida" y lejos de la patria puedan sentir la nostalgia y el desarraigo. UN ABRAZO
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29-07-2010 22:31:50 J.M. Hidalgo dice:
Querido amigo José Luis: Muchas gracias de nuevo por tus comentarios. Intentaré -tenlo por seguro- buscar otras historias de nuestra tierra. Ya veo que desde Rosario has seguido los triunfos de la selección de fútbol en el Mundial y el ganar la Copa lanzó al país entero a la calle. Te hubiese encantado. Si en algo puedo ayudarte, mi correo personal figura en la cabecera del Bloc. Un abrazo.
