La libreta
Querido amigo lector:
Ayer me encontré con mi amigo Andrés en la puerta de un banco en crisis. Hace tiempo jubilado, Andrés siempre fue una hormiga. Incansable trabajador, gran ahorrador, de sobrias costumbres... En suma, todo lo que no se lleva hoy día.
Me confesó que se veía forzado a sacar de sus antiguos ahorros, para poder complementar su pensión, porque esta cada día se reducía más entre impuestos, retenciones y sisas varias.
Por eso, con su vieja libreta en la mano, se dirigió a una oficina bancaria, en donde le atendió una empleada que, con cara de sufrir de alguna perentoria necesidad afectivo-sexual no satisfecha, le interrogó sobre el motivo de su presencia allí. Una vez lo supo, con la misma cara de vinagre, examinó la libreta mientras decía con menosprecio: "Esta libreta es muy antigua".
Andrés, aunque nada dijo, se preguntó si tendría algo que ver la antigüedad con el saldo, pero los problemas vinieron de inmediato.
-¡Uf, hace ya más de seis años que no registra ningún movimiento! -murmuró en voz alta, como si eso constituyese delito-.
-¿Ve lo que dije? -le espetó como pidiendo razones-. La máquina dice, "libreta obsoleta" y no la reconoce. ¡Pues estamos listos! -agregó con peor humor del que tenía al inicio-.
-¿Y que habrá que hacer? indagó Andrés casi temiendo que a partir de entonces se negasen a darle el dinero..
-Pues casi nada... -gruñó alterada-. Llamar a la central, pedir permiso, confirmar su identidad... En fin, toda la mañana liada... -rezongó-.
Después de casi una hora de espera y de un sinfín de llamadas y contra llamadas, la máquina -de quien todo el mundo dependía- dio su conformidad y pudo recibir el ansiado efectivo, que -aunque era suyo- daba la impresión de haber sido obtenido de la caridad del banco.
-Espere un momento -ordenó la empleada sargento, mientas tecleaba por enésima vez en el ordenador-. Aquí tiene el resumen que explica la diferencia de su saldo...
Sin darle tiempo a preguntar nada, le entregó tres hojas de anotaciones impresas en las que -bajo la denominación de "mantenimiento libreta"- había una lista interminable de "gastos" ocasionados por esta.
-Para no haber registrado movimiento se ha movido mucho -dijo Andrés con la intención de hacer un chiste-.
-¡Oiga, las cosas tienen un costo! -le dijo casi a gritos la matrona-.
Una vez sumados los cargos, comprobó que le había costado más de cien euros el mantenimiento de su antigua y "obsoleta" libreta.
Ya en casa reflexionó... Tenía menos dinero del que ingresó. De haberlo guardado en el colchón, al menos tendría el mismo y encima sin necesidad de aguantar a la insufrible cajera...
Esta mañana he vuelto a verlo retirar hasta el último céntimo de su cuenta.
¡Pobre Andrés! Lo que él ignora es que -haga lo que haga- seguirá pagando con sus impuestos los "gastos" de una libreta que ya no tiene, así como el sueldo de la vitriólica cajera.
¡Que maravilloso sistema el nuestro!
Recibe un afectuoso abrazo desde Barcelona.
Comentarios (9)
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18-06-2012 22:28:25 JAG dice:
Amigo José María, quizás sea así como expone, aunque el comentario este trastocado por falta de memoria. Gracias.
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16-06-2012 20:57:20 J.M. Hidalgo dice:
No sabes tú Manolo, según un amigo psicólogo, la cantidad de problemas cotidianos en cuanto a las relaciones humana, que origina esa necesidad básica insatisfecha. Imputable - por otra parte - a todo sexo y edad... Gracias por tu comentario y lectura
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16-06-2012 14:35:50 Manuel Requena dice:
Vuelven los tiempos del colchón, la loseta y el calcetín. Pues entre los gastos que le clavan a uno y el miedo al corralito,...Por cierto estoy de acuerdo contigo, amigo José Mª, en que la empleada sufría una urgente necesidad de cubrir una serie de necesidades básicas. Pobre chica.
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15-06-2012 10:03:24 J.M. Hidalgo dice:
Amigo JAG, tengo una anécdota similar a la que cuentas aunque con fin distinto. Cuando nací, el Estado abría a los recien nacidos una cartilla en la Caja Postal y le regalaba una peseta. Nadie ingreso nunca nada en ella y cuando tuve 18 años fui para continuarla. El saldo era de 1,01 peseta de "intereses" y cadudaba a los 20 años de no usarla. De haber sido hoy en día, le habría tenido que dar al menos 100 pesetas al banco por "cuidármela"... Un abrazo y muchas gracias por tu comentario y aportación.
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14-06-2012 19:47:43 JAG dice:
Esto no solo es de ahora, recuerdo que mis padres me hicieron una libreta en correos, cunado nacieron mis hermanas y las circunstancias no eran propicias dejaron de imponer en ella; hasta correcto, nos venimos a Valencia y mira por donde veo la cartilla, le pregunto y me dice que hacia muchos años, voy a correos para ver que se podía hacer y que saldo había, cual fue mi sorpresa cuando la persona que me atendió me dijo "esta cartilla no está en vigor, ha pasado a Hacienda", le pregunto y me dijo algo parecido a Andrés, lleva muchos años sin movimiento y después de X años -no recuerdo- pasa a Hacienda. cada vez estoy mas convencido que Hacienda es de todos, "pero de unos poquísimos, SI, de todos NO". No sé lo podría haber en esos momentos, pero la verdad es que nunca lo supe.
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12-06-2012 13:38:47 J.M. Hidalgo dice:
Así es Pepe, pero hemos de reconocer que lo que nos sucede a nosotros es que nacimos en mala época y seguimos en ella... Un abrazo y gracias por tu comentario.
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12-06-2012 13:35:55 J.M. Hidalgo dice:
La gente está tensa y lo paga con el primero que pilla, sin pensar muchas veces que "ese primero" es el que le está dando de comer. Aunque, nosotros podremos ir en zapatillas, pero "papá Estado" hará para que los banqueros sigan en Mercedes... Muchas gracias por tu comentario amiga.
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11-06-2012 21:31:47 Jose dice:
Esta especie de personas tan 'atentas' proliferan como los espárragos en invierno y, como éstos, no saben que sus cabezas peligran con el paso de los días...Y, ¿sabes una cosa? no me da ninguna pena lo que se les viene -a algunos de ellos- encima.
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11-06-2012 19:01:49 Maria Angeles Lopez dice:
Pues estamos buenos. Como decía mi abuela: "esto me huele a chamusquina".Y puestos a refranear. Cuando las barbas de tu vecino veas corta, pon la tuya a remojar. Esperemos que lo de tu amigo Andrés sea un caso suelto. Un abrazo amigo,



