La calle Larios etíope
Jambo rafiki! ¿Qué tal estás? Deseo fenomenal, disfrutando de la Semana Santa, y si eres tan afortunado como para pasarla en Málaga pues mucho mejor. No vayas a pensar que me arrepiento de haber salido de mi tierra hace 4 semanas. Ni mucho menos! Pero es que acabo de navegar un poco por las páginas de Ymalaga.com, y me traen muchos y buenos recuerdos ver esas preciosas imágenes de Nuestro Padre Jesús Cautivo, o la solemnidad de los legionarios con el Cristo de Mena.
Lo cierto es que en los últimos años suelo estar fuera por estas fechas; en el 2007 felicitaba a mi querido Juanlu saliendo de la ciudad costera saharaui de Dakhla, antigua Villa Cisneros, en nuestro camino 4x4 hacia Senegal. Justo cuando un triple de Pepe Sánchez contra el Barcelona metía al Unicaja en la 'Final Four' de Atenas. Momentos inolvidables para el baloncesto malagueño. Cómo pasa el tiempo!
En el 2008 el agua y la lluvia impidieron que el tío Mauri presenciara el desembarco de los legía en el puerto de Málaga, aunque la meteorología fue completamente distinta un año después, y bajo un sol de justicia nuestro querido Pepe Luis me mostró los secretos y detalles de ese cuerpo del ejército que él conocía como nadie, en una bella mañana de Jueves Santo 2009 que nunca olvidaré. Como a ninguno de los dos, ahora que nos protegen desde el cielo.
En 2010 os presenté la historia y fotos de Justin, un niño keniata cautivo de su grave encefalopatía y su malnutrición severa. Quizás recordéis la comparativa entre su cara y la de la famosa imagen procesional malagueña. Y al mismo tiempo la de sus madres. Siempre sufridas madres. Si os asomáis a la nueva página web de la Fundación Pablo Horstmann, www.fundacionpablo.org, encontraréis algunos de aquellos testimonios teñidos de rabia y a la vez de esperanza desde el hospital pediátrico de Lamu.
Hace justo un año, el primer lunes de abril coincidió con el anuncio público de los resultados electorales de la segunda y definitiva vuelta en Haití. Calles desiertas volviendo del hospital, helicópteros sobrevolando Puerto Príncipe, y el bokerón sin fronteras escuchando las inconfundibles ráfagas de armas automáticas en una tarde caribeña llena de incertidumbre. ¿Quién dice que todas las Semanas Santas son iguales? No sé qué me deparará el destino en próximas ediciones, pero hoy, aquí y ahora, no me queda más que reírme de la guasa que aún aflora al redactar mis textos.
Porque una cosa sí que percibo enormemente en este primer mes de estancia en Etiopía. Si al volver de misiones anteriores asumía cambios relevantes en mi mente y en mis emociones, tanto en el terreno como al volver a casa, en este proyecto asumo de manera muy consciente y presente las variaciones que estoy sintiendo a nivel profesional y personal. Supongo me han ayudado mucho las reuniones de meditación en la consulta de mi médico y maestro el Dr. Simó, y también el compartir vivencias y conocimientos en diversas charlas sobre cooperación, tanto de oyente como de ponente. Y casi más en los coloquios y turnos de preguntas que en las presentaciones de diapositivas.
Ahora comprendo muchísimas cuestiones, posturas y actitudes. Reconozco equivocaciones previas, propias y ajenas, y me esfuerzo para no repetirlas. Entiendo que soy un farenji en un medio distinto al mío, por lo que sigo escuchando y mirando con atención, pero la diferencia es que en el 2012 callo muchísimo (y eso se está notando en la frecuencia de estas crónicas), leo aún más, y en todo momento me siento no sólo actor, sino espectador y analista de lo que ocurre a mi alrededor. Como el Henry, pero sin barbas, y con la espalda bastante mejor (deseo que te recuperes pronto y bien, ¡mostruo!).
No sé hasta qué punto me apena despedirme del Pascui desenfadado y jovial de años atrás, pues me alegra sobremanera descubrir un Pascual más maduro y curtido, preparado y dispuesto a un camino que pretendo que sea largo y productivo en este complejo, duro y difícil mundo de la cooperación internacional. Me quedó muy claro, en mi debut en los campamentos de refugiados saharauis en enero 2007, lo que opinaba el jefe Gonsales al respecto (¨Aquí se viene a trabajar; el que quiera tener una experiencia que se meta el dedo en el culo¨). Tampoco se trata de blanco bueno busca negrito pobre. La solidaridad no es una muestra de caridad; es un acto de justicia con naciones que han sido y son víctimas de abusos tanto de actores externos (colonización política, explotación indiscriminada de recursos naturales y humanos) como internos (dictaduras, represiones, corrupción y desidia). Pero a la vez la cooperación supone un maravilloso compendio de emociones de lo más variado e inesperado. Y cada día y cada noche en Meki me regalan momentos mágicos que me encantaría compartir con todos vosotros, pero la paciencia, la calma y la pausa que me van aportando todos estos meses fuera de casa me demoran en su relato, pero a la vez me extasían en su disfrute.
Recuerdo cómo en Lamu (2010) la redacción nocturna de los textos, llenos de signos de admiración, palabras en kiswahili, y salpicados de bromas me ayudaban enormemente a procesar todas las sensaciones vividas durante aquellos irrepetibles días de novato. Haití y Dadaab (2011) también presenciaron madrugadas mágicas de reflexión, más espaciadas y quizás tal vez más profundas. Etiopía (2012), sin embargo, me aporta análisis continuo de lo que acontece, sin la necesidad de volcar en las teclas urgentemente las tormentas que en mi alma puedan generar las enormes diferencias entre la vida que conocemos en nuestro confortable y vanidoso Occidente, y la lucha contra la pobreza en tantos y tantos países en vías de desarrollo.
La crisis, la crisis... Recuerdo esas palabras desgraciadamente tan de moda en Europa mientras paso por calles no asfaltadas, inundadas con interminables charcos por las recientes precipitaciones, y transitadas difícilmente por viejos carros destartalados tirados por caballos huesudos y mulas famélicas. Botellas de plástico raídas por el sol cuelgan arracimadas en la entrada de pequeñas tienduchas esperando una innumerable reutilización. Hombres y mujeres con la piel cuarteada y los ojos cansados no retiran su mirada al cruzarse con la mía. Ni ocultan su sonrisa o su seriedad, según les dé. Sus harapos, su higiene, sus gestos delatan su status económico. Aquí no se puede aparentar lo que no se tiene. Ni tampoco les preocupa. Con comer y sacar adelante a su familia ya tienen bastantes preocupaciones. En fin, en eso estamos.
Me está quedando un email un poco egocéntrico, y algo tristón, ¿verdad? Con la de momentos lindos que podría contaros con los niños tan adorables que me rodean en el orfanato, con las urgencias y emergencias ya vividas en nuestra clínica, con los paisajes tan bonitos en la llegada de la temporada de lluvias, con la impresionante fuerza de las tormentas nocturnas, con la espectacular charaka, a lua cheia, que me acompaña en los paseos por calle Larios (así he bautizado el carril de vehículos de nuestro 'compound' por el que transito relajado antes de acostarme, sólo o en compañía de los saltos y bocados juguetones de Sardino, uno de los perros), con la claridad de las mañanas, con la tranquilidad de las tardes, con el jaleo de los juegos infantiles, con la belleza del flamenco, con la sonoridad de la música etíope, con la serenidad de un baño dominical en un lago en calma en absoluto silencio al atardecer, con la de vivencias que me regala este país, este reto, este momento de la vida.
Crecimiento constante, como los ocho cachorrillos de la perrilla 'Ziway', pura muestra de la fuerza de la madre naturaleza.
Alegría desbordada, como las sonrisas y carcajadas de los enanos que me persiguen al salir de mi cuarto, para colgarse en mi cuello y llenarme de besos y de abrazos, y compartir canciones y estribillos desde la memoria de mi móvil y el calor de nuestros corazones.
Muchas cosas que contaros, rafiki. Pero estás de Viernes Santo. Lo dejaremos para otro momento. Kas ba kas. Chiguerielen (pole pole, hakuna matata).
Abrazo enorme, sonrisas de colores, y feliz primavera a todos!


