Etiopía (IV): Huir, mirar o comprometerse
¡Eh! Como diría Pepeluis. Que nos estamos poniendo muy tiernos. ¡Tiger! No te pienses tampoco que la vida del cooperante es de florecitas, pajaritos y besitos. Es muy duro batallar cada día contra la miseria y las carencias. Ver niños con malaria, con tuberculosis, con lepra, con malnutrición.
Niños con parálisis cerebral, sin ni siquiera una silla de ruedas, condenados al suelo de sus cabañas o a los brazos y espaldas agotadas de su gente, que muchas veces desconocen la trascendencia y pronóstico de la patología de su hijo, y te demandan un jarabe que solucione el problema. Niños de 11 años pesando sólo 12 kilos. Sí, sí, has leído bien, no he equivocado ninguna tecla. No es fácil irte a la cama después de presenciar cara a cara todo eso. Y me sorprende y me duele el comentario fácil y despreocupado de los que critican la presencia de los cooperantes en lugares de conflicto, con posibilidades de enfermedad, de secuestro, o de asesinato, y luego que nos saquen otros.
Desde luego te aseguro que no quiero yo causar una evacuación, pero no por las molestias o los costes que puedan generar, sino por el sencillo motivo de mi integridad física y la tranquilidad de mis allegados. Por favor, buenos sí, ¡pero tontos no! Más de una vez he leído frases de internautas, cómodamente asentados en sus casas, de que "vamos donde nadie nos ha llamado".
Asumo los riesgos de plantarme en un lugar complicado, pero no soy ningún temerario ni amante del peligro. A mí personalmente me llama clara y nítidamente a estos lugares una sensación: la vergüenza. Vergüenza de que, como seres humanos, permitamos que estas circunstancias ocurran, y otros congéneres malvivan y mueran sin hacer nada por ellos, o al menos intentarlo.
Tengo muy claro, y así lo transmitía en las charlas de divulgación organizadas antes de venir a esta misión, que estos proyectos son sólo parches a la gran herida que tiene no sólo África, sino todos los países en vías de desarrollo. Que la solución a estos problemas, y no estoy echando balones fuera, es de los países ricos que expolian sin paliativos las economías de los países pobres, y de la corrupción de sus gobernantes, ávidos de poder y riquezas.
Tengo también muy claro que mi trabajo como sanitario, y el trabajo de tantos y tantos perroflautas cooperantes es ínfimo respecto a todo lo que necesita este inmenso continente para salir adelante. Pero no pienso quedarme en mi sofá indiferente a lo que ocurre, esperando que lo arreglen otros. Dicen que hay tres opciones en la vida: huir, mirar o comprometerse. Tengo la gran suerte de sentir este bendito veneno de la solidaridad, de amar el trabajo en el terreno, y por ello pretendo ayudar a estos etíopes que entraron a la consulta con reparo y distancia hacia el farenji (el blanco), y ahora vuelven a revisión con una sonrisa en la cara y confianza en el alma.
Es una tarea muy complicada desde un dispensario mejorar de forma estable sus, en muchos casos, deplorables condiciones de vida, pero al menos estas madres sentirán que hay unos cuantos 'chalados' blancos que se preocupan por mendigar para ellos ayudas en Madrid, por organizar campañas, por conseguir recursos humanos y materiales, por levantar un orfanato, una clínica, una esperanza.
Por hacer ver a esta comunidad, y a tantas otras aquí y allá, que no están solos. Por dar ejemplo de compromiso a las autoridades locales, y formación a sus profesionales. Por mostrar a toda esta población que hay quien se acuerda de ellos, y lucha por un mundo más justo.
Es un trabajo difícil, pero no imposible. Entre todos lo podemos conseguir: como dice mi madre: "Un grano no hace granero, pero ayuda al compañero". Como decía Pedro Páez en su 'Historia de Etiopía', hace casi 400 años: nunc dimitis. Nunca te rindas.
Como podéis comprobar en este y otros textos, aprecio mucho todo el conocimiento y madurez que este trabajo, esta vida, esta pasión me están dando. El amor incondicional, los idiomas, la solidaridad, las escalas de valores, las prioridades, la constancia. Y uno de los aspectos adquiridos en estos primeros pasos de cooperante es la serenidad y la pausa.
El agarrar las bridas de un caballo que quiere trotar desbocado, cual toro bravo en la plaza, y poder guiar sus pasos y sus energías hacia el sitio adecuado, en el momento oportuno, y a la velocidad conveniente. Serenidad y pausa. La precipitación y la premura dejan muchos regueros de sangre en el albero. Si te provocan no actúes... de momento, añadiría yo ahora al comentario aprendido hace años. Serenidad y pausa. Lo que no quiere decir que siempre vaya lento; habrá ocasiones en que aprovecharemos la fuerza y la juventud de la montura para ir trotando, incluso corriendo, pero con el control del jinete que sabe lo que quiere, y por qué lo quiere.
Y esta metáfora hípica me sugiere una pregunta: Pascual, ¿sabes lo que quieres? También es válida para ti, si te apetece: querido amigo, querida amiga, ¿sabes realmente lo que quieres?
CORRER Y CORRER
El caballo que tengo en el pecho ahora quiere seguir hablando, correr y correr. El jinete que tengo en la cabeza prefiere callar, aguantar el paso, y seguir oteando el horizonte, aún con la montura briosa relinchando y levantando las patas delanteras. Para, habiendo elegido la dirección a seguir, clavar espuelas y enfilar un nuevo camino, aún siendo largo y difícil, con energía y decisión.
En este caso el destino me lleva a Níger, a partir del 1 de julio, durante 6 meses. Níger, no Nigeria. Níger fue el país con menor índice de desarrollo humano en el 2007, lo que le arrastra a la posición 182.ª en el orden mundial. El 85% de su población vive con menos de 1 dólar al día. Sólo el 30% de los adultos sabe leer y escribir. Y en lo que respecta a mi ámbito laboral, es el 4.º país del planeta en el triste y vergonzoso 'ranking' (que encabezan Sierra Leona, Angola y Afganistán) de la relevante tasa de mortalidad en menores de 5 años, la probabilidad de muerte desde el nacimiento hasta llegar a esa edad. 253 de cada 1.000 nacidos vivos.
O sea, que sin contar los fetos que murieron intraútero por malas condiciones en el embarazo, 1 de cada 4 niños nigerinos (no nigerianos) no llegará a los 5 años de edad. Escalofriantes datos, trasfondo de una crudísima realidad en el cinturón tropical subsahariano, acentuada además ahora por una sequía pertinaz y su consecuente época de hambruna.
Y en Europa lloramos porque nuestro equipo de fútbol desciende de categoría, o no pasa una eliminatoria, o de histeria ante la presencia de un cantante guaperas. A veces pienso que los blancos hacemos el ridículo en la vida de una manera espantosa.
• Leer... Etiopía (I): Soy tus ojos
• Leer... Etiopía (II): Si te provocan, no actúes
• Leer... Etiopía (III): Episodios mágicos
• Leer... Etiopía (y V): Próxima misión en África, Níger
Comentarios (3)
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07-05-2012 09:15:59 Borja dice:
Querido Pascual Caballero: Trabajo en Addis Abeba desde hace ano y medio en el Ministerio de Agricultura. Te mando mucho ánimo en tus colaboraciones en Etiopía y coincido en muchas de tus reflexiones, aunque el comentario sobre la denominación de perro flautas a los cooperantes ha sido un poco desafortunado. El abanico de personas espanoles que trabajan aquí por el desarrollo de Etiopía es muy amplio, Un abrazo y muchas suerte!!!
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05-05-2012 11:37:41 Jose dice:
¡Qué duro! y qué verdad más incontestable.
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05-05-2012 10:35:41 Maria Angeles Lopez dice:
“En Europa, dices, lloramos porque nuestro equipo de fútbol desciende de categoría, o no pasa una eliminatoria, o de histeria ante la presencia de un cantante guaperas. A veces pienso que los blancos hacemos el ridículo en la vida de una manera espantosa”. Pues si, querido amigo, sigue removiendo conciencias, que llegue a todos eso que ves, vives, e intentas paliar dentro de tus posibilidades. Esto que haces a través de ymalaga ya es una buena labor, haciéndolo llegar a su gran número de lectores. Un abrazo Rambo Rafiky.


