La pintada del río
Para Carmen Rodríguez Acosta
El sambenito de minucioso no perseguía a César Lozano por casualidad. Quienes compartían sus actividades diarias se quejaban de su forma de ser exhaustivo en los detalles, obsesivamente perfeccionista, y cuando emprendía la escritura de una novela, o de un cuento incluso, el resultado final no siempre compensaba por lo tortuoso que resultaba generalmente el proceso de documentación y de construcción progresiva del relato.
Una mañana, caminando por el 'bulevar de los hoteles', como él lo llamaba, después de cruzar el Puente de los Alemanes sobre el Guadalmedina, atrajo su atención una pintada con grandes caracteres que alguien había estampado abajo, en el pavimento de la pasarela sobre el cauce del río. Bajó para presenciarla más de cerca, y quedó intrigado con el desesperado romanticismo de un anónimo escritor improvisado que recurre a un elemento urbano como soporte para una declaración de amor. Inmediatamente vio ahí tema para uno de sus relatos cortos: podría tener dosis de cierto misterio, procedimientos poco habituales, la suficiente intensidad. Con el móvil sacó una fotografía, y luego reemprendió su marcha sin poder quitarse ya el asunto de la cabeza en el resto del día.
Una vez en su casa, instaló la fotografía como fondo de pantalla y empezó a analizar la pintada en profundidad. El mensaje era evidente, y ahí no se detuvo más que en los puntos suspensivos del final, pero la forma en que estaba plasmado le ofrecía un mundo de interrogantes, así que, con el invisible bisturí de su capacidad de observación fue diseccionando cada uno de los signos y caracteres para intentar descubrir, más que imaginar, algunos rasgos de la personalidad del autor o autora de la pintada.
Fiel a su convencimiento de que siempre había un motivo para todo, no paraba de preguntarse acerca de cada pequeño detalle, con la idea de proporcionar luego respuestas, en su texto de ficción, que resultaran creíbles y no incumplieran, por tanto, el dogma de la verosimilitud, el elemento que César cuidaba en sus trabajos literarios con mayor esmero. ¿Por qué, en medio del baile de letras mayúsculas, la única excepción de la letra 'e'? ¿Por qué la última E mayúscula (la excepción dentro de la excepción)? ¿Qué sentido tenía el enigmático paréntesis con el número ocho? Y sobre todo, ¿qué se ocultaba en ese final inconcluso?
Las primeras hipótesis y elucubraciones señalaban a un sujeto joven (por el ardor demostrado, el recurso utilizado, y ese uso irregular del signo de exclamación), de sexo femenino (César no se conformó con los trazos curvilíneos y el dibujo del corazón para llegar a esta conclusión, sino que además consultó en internet apuntes de grafología), y lo suficientemente culto como para hacer un uso correcto de las tildes, lo cual no era por desgracia muy frecuente entre los jovencitos y jovencitas grafiteros. El ocho podría referirse a las veces que el mencionado sujeto (o sea, la chica) le habría dicho al otro sujeto receptor de sus cuitas (presumiblemente un joven mozalbete) que lo amaba, o tal vez al número de encuentros íntimos que hubieran mantenido, y sin embargo César planeaba dotar en su relato a ese número ocho de un significado en clave, una especie de mensaje que sólo ellos dos compartieran privadamente.
Mediada aquella tarde, su esposa vio la foto de la pintada en el ordenador del estudio, y al leer el texto en voz alta surgió una discusión interesante. César la corrigió porque, según él, había leído mal el final: "Confía en mí", con un pronombre personal que, de ser tal, debería ir acentuado.
-¿Te das cuenta? Si la chica sabe usar bien las tildes, no es lógico que se equivoque al final.
-Entonces, ese "mi" tiene que ser un posesivo, y esos puntos suspensivos...
-...esconden un sustantivo que es la clave de todo -completó César la frase que había iniciado su mujer-.
Hasta una semana más tarde no se descubrió el pastel. Habían preparado un menú especial para el almuerzo de aquel sábado, y César y su hermano discutían precisamente la historia del cuento -que ya había empezado a tomar forma en un primer borrador- mientras su mujer y su cuñada compartían la misma mesa pero no la misma conversación. Desde el estudio les llegó a todos la voz de Dani, que un momento antes le había pedido permiso a su tío César para entrar un rato en su Tuenti.
-¡Qué guay, tito! ¿A ti también te gusta el reggaetón?
Resultó que la pintada del río reproducía el estribillo de un tema musical, machacón y bastante chabacano, que por lo visto había sido éxito el verano anterior. Dani buscó el vídeo de la canción en Youtube, y todas las decepciones de César se completaron ante las risas de su esposa y del resto de la familia. Un muchacho negro no paraba de tocarse la gorra mientras bailoteaba con gestos espasmódicos ante una mulatona de generoso escote que recibía sus requiebros con mucha sensualidad y ninguna dulzura.
El estribillo (que alcanzaba su punto álgido cuando el cantante chillaba "te amo", en medio de un bucle repetitivo que a César le pareció insoportable, hasta un total de ocho veces seguidas) terminaba, tras cada una de las tres estrofas, con una palabra distinta: ambisión, tesón e intuisión, por ese orden y pronunciadas así, con un rotundo seseo.
Meses después, cuando César volvió a ver a su sobrino Dani, éste le dijo que había ido un día al río, a la zona que le había indicado, pero que aquello estaba todo limpio, y que no había encontrado ninguna pintada. César, por piedad, le ocultó el dato de que había sido él quien había reclamado insistentemente al ayuntamiento la intervención de sus servicios operativos, y que había repetido la llamada y la queja (casualmente, un total de ocho veces), hasta que no tuvieron más remedio que hacerle caso.
Comentarios (15)
-
12-03-2012 17:33:48 Carlos Perez Torres dice:
Hola, Carmen. En primer lugar, es justo que te dedicara a ti el relato, ya que al enviarme tú la imagen de la pintada, eres tú también la responsable de que yo empezara a elucubrar sobre ello. En segundo lugar, en el lenguaje juvenil del Messenger el número 8 entre paréntesis equivale a "canción" (tiene ese significado), lo cual me ponía en bandeja un final tan proclive a "dar la nota". Y en tercer jugar, me sorprende saber que existen más frases pintadas por las cercanías del lugar. Le avisaré a mi amigo César, a ver si se anima a continuar sus investigaciones.(...) Muchas gracias por tu comentario.
-
12-03-2012 14:30:09 Carmen Rodriguez Acosta dice:
A ver si esta vez tengo más suerte En primer lugar darte las gracias por la dedicatoria Nunca nadie había tenido un detalle así como siempre me ha parecido un relato con mucho ritmo , como tú... Lo más sorprendente para mi ha sido la "resolución " al "caso" por lo original Una romántica como yo pensaría en el clásico final a una historia de amor que es en lo que yo pensé cuando me mostró alguien muy cercano lo que he llamado "Palabras de amor bajo el puente " pero tú , como en un juego de malabares has sabido darle un giro inesperado dotando a las "palabras " de una gracia y espontaneidad inusitadas. Es esa explicación con la que concluyes, lo que me resulta más evocador en una historia que bien podría continuar... Por cierto cerca de allí hay más frases que bien podrían pertenecer a la misma persona Me las han enseñado esta mañana y , claro, he pensado en ti... Gracias compañero
-
28-02-2012 09:50:36 Carlos Perez Torres dice:
Me han preguntado varias veces por la localización exacta de la pintada, y respondo aquí, por si alguien más siente la curiosidad. La fotografía que ilustra el relato está tomada desde el centro del Puente de la Trinidad (la pasarela que une, aproximadamente el hotel Posada del Patio en el Pasillo de Santa Isabel, con el hotel Ibis al otro lado del río; el puente que hay entre el de la Aurora y el conocido como el de los Alemanes). Y eso de que limpiaron la zona para borrar la pintada forma parte de mi relato de ficción: la pintada es real y sigue estando allí. Claramente, fue hecha en caracteres grandes, con la idea de que pudiera leerse cómodamente desde el puente.
-
27-02-2012 13:54:13 Carlos Perez Torres dice:
Amiga Mª Ángeles, tengo que agradecerte muy sinceramente tus cálidas palabras. A veces me abruman un poco los adjetivos que utilizáis tú y otros compañeros de bloc, y sin embargo quiero manifestar aquí lo mucho que aprecio vuestra fidelidad como lectores y comentaristas. De verdad que vuestras opiniones son muy útiles para mí.
-
27-02-2012 09:14:08 Angeles lopez dice:
Cuando escribías en correo ordinario, me encantabas, eras entrañable. Pero ahora con este nuevo.¡ Que talento literario!. Sueles enganchar al lector, llevarlo por tu camino, para que al final descubra tu gran es estilo, me sorprendes en cada uno de tus nuevos artículos. Te felicito, por conseguir mantenernos pendientes de ellos. Amigo Carlos.
-
27-02-2012 01:59:03 Carlos Perez Torres dice:
Mover el ánimo del lector es una virtud de la buena literatura, así que te agradezco muchísimo, Cristina, lo que dices. Hoy tocaba (des)ilusión, el otro día había notas de humor; el de antes, un aire de tragedia, etc. El mayor reto es intentar adaptar tu relato a la temperatura y el color que quieres que tenga. (...) Un saludo muy cordial.
-
26-02-2012 21:53:08 Cristina dice:
¡Que gran desilusión, pobre César!. La cruda realidad no suele fallar ni en los cuentos, por desgracia casi siempre vence al romanticismo. En nosotros está continuar esos puntos suspensivos románticamente o bailando un reggaetón. Me encanta cómo nos llevas en tus escritos (como tengo tu permiso, ya te tuteo) de un estado de ánimo e ilusión a otro de desengaño. Un saludo desde Tenerife.
-
26-02-2012 21:21:20 Carlos Perez Torres dice:
Toda una bofetada, sí. Cambiar, en pleno almuerzo, el lirismo de una hermosa historia de amor por el descaro de un provocador baile de perreo... seguro que no lleva a una digestión fácil. (...) Muchas gracias y un abrazo, amigo Manolo.
-
26-02-2012 21:08:41 Manuel Requena dice:
Magnífico, Carlos. La sorpresa de que todo era una simple letra de reggaetón ha sido toda una bofetada en pleno rostro del romanticismo y la literatura. Un Abrazo.
-
26-02-2012 19:27:12 Carlos Perez Torres dice:
Gracias, amigo Totero, por tu comentario. Ya ves que, como tú dices, al final el escritor considera que una realidad tan prosaica no está a la altura de un proyecto sensible y romántico como el que él iba poco a poco construyendo. (...) Por cierto, dicen que la mujer del César, además de ser culta y lógica, tiene que parecerlo.(...) Un abrazo.
-
26-02-2012 19:21:41 Carlos Perez Torres dice:
¡Antonio Cerván! Me alegra mucho saber que me lees; así puedes comprobar que sigo siendo un cuentista sin remedio. En efecto, hay una elipsis que da a entender que la decepción fue tal que el escritor abandona el borrador que había escrito y lo que quiere luego es olvidar el episodio por completo (incluso hace que borren físicamente la pintada que lo originó). De todas formas, no hay que preocuparse de escribir el cuento, porque ese cuento ya está escrito, y es el que acabas de leer. Digamos que el tal César pensaba escribir un no-cuento dentro de un sí-cuento que finalmente acabó escribiendo un tal Carlos.(...) Una abrazo fuerte, Antonio, y gracias por tu comentario. Me encantaría seguir encontrándote por aquí de vez en cuando.
-
26-02-2012 19:10:40 Carlos Perez Torres dice:
Muchas gracias, Pepe, por tus elogios. Lo que intento siempre es agradar o interesar a lectores exigentes como tú. (...) Dicen que cuando el río suena, agua lleva. Pero como nuestro Guadalmedina no suele llevar agua, me toca a mí inventar todo el ruido... (y dejo unos puntos suspensivos, para quien quiera descifrarlos).
-
26-02-2012 13:27:25 Totero dice:
La mujer de César, además de culta es lógica y menos aficionada que él a los criptogramas de Poe. La realidad suele estar casi siempre, saturada de prosa... Felicidades Carlos y un abrazo.
-
26-02-2012 12:30:54 ANTONIO CERVAN dice:
¡Genial, Carlos! Creo que el cuento merece no quedarse en borrador. No importa el motivo de la inspiración.
-
26-02-2012 01:03:31 Jose dice:
Una vez más, amigo, nos llevas por el hilo al ovillo donde se enroca el enorme relator que eres... Extraordinario, Carlos.

