Cataratas
Siempre que el niño se ponía a hacer los deberes del colegio, Pepita se le acercaba, curiosa y preguntona, y él, divertido al principio, le iba explicando las cosas muy en plan de hermano mayor, hasta que acababa impacientándose.
-Son palabras que tengo que buscar en el diccionario para apuntar su definición. ¿Ves? Son todas de cuatro sílabas, y la única vocal que sale es la a -le dijo a su hermanita, que lo miraba con sus ojos grandes bien abiertos.
Pepita no entendía esa terminología, pero le había escuchado leer la lista después de asomarse a su libreta, y sólo parecía interesada en una de aquellas palabras enigmáticas y sonoras.
-Tú también tienes que aprender a no equivocarte con el significado de las palabras -añadió, orgulloso de que alguien le hiciera tanto caso.
Al día siguiente, en su clase de Educación Infantil, Pepita sorprendió a su maestra con una pregunta directa y muy diferente a las habituales:
-¿Qué son las cataratas, seño?
La maestra frunció el ceño del mismo modo en que la abuela empezaba sus inconsolables episodios de un llanto silencioso y abundante que nadie comprendía que durara ya tanto tiempo.
Después de haber soportado sin mucho interés las explicaciones relativas a qué tipo de animal era una salamandra, o de calzado una alpargata, o de danza una zarabanda, o de planta una albahaca, Pepita había empezado a inquietarse. Con 'almadraba' y 'almazara' se confundió un poco, y sólo esperaba ya que por fin le llegara el turno a aquella palabra que ella siempre había oído asociada a algún tipo de problema en los ojos de su abuela.
Justo cuando iba a llegar el momento, se presentaron en la casa los amigos de su hermano con el balón de reglamento, y los ejercicios de Lengua quedaron interrumpidos hasta después del partido.
-¿Qué son las cataratas, seño?
La maestra frunció el ceño, sorprendida por la pregunta, y luego se agachó junto a la niña para enmarcar entre sus manos su carita redonda, y le dijo con dulzura:
-Las cataratas son unos lugares por donde cae mucha agua. ¿Has visto alguna en la tele?
-No, pero mi abuela tiene.
Al entrar en la casa de regreso del colegio, Pepita se soltó de la mano de su hermano y corrió para acercarse a su abuela, que siempre estaba callada y triste en su rincón junto a la ventana. No le dijo nada; sólo la miró a los ojos y luego le dio un abrazo. La abuela notó que el sentimiento se le desbordaba, y al brotarle las lágrimas fue como si quisiera recompensar a su nieta con una demostración, para ella exclusivamente, de las cataratas que tenía escondidas en sus ojos.
Comentarios (5)
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08-06-2012 08:40:42 Manuel Requena dice:
Como dice mi compañero Totero, me gusta tanto este Carlos Pérez intimista y sensible como el inquietante de otros escritos. Como siempre un placer leerte, amigo. Un Abrazo.
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07-06-2012 14:32:40 Carlos Perez Torres dice:
Un bucle en el diálogo nos lleva hacia atrás y hacia adelante para que, partiendo de la curiosidad inicial de la niña, acabemos comprendiendo mejor la confusión en su mente infantil. Como dice su hermano, Pepita debe aprender a no equivocar los significados de las palabras y los contextos, pero ya irá creciendo, y en tanto que el tiempo pasa, ¡hay que ver lo bien que sienta un abrazo! No hay dudad de que el cariño también pude demostrarse sin palabras, sólo con un gesto.
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06-06-2012 19:04:42 Jose dice:
Los niños siempre van por otros parámetros que los adultos no intuimos; los niños, son lo mejor -casi lo único limpio- que nos rodea; los niño son los ángeles que nos ponen la mejor nota en la sinfonía de la vida.
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03-06-2012 22:37:53 Maria Angeles Lopez dice:
Me ha gustado este giro. Hay que observar a los niños y analizar sus preguntas. Yo, por mi edad me doy cuenta el como nos miran los nietos. Y cuantas preguntas nos hacen. Si yo te contara...ellos ven más allá que la propia familia, y cuantas veces hay que disimular. Un abrazo amigo Carlos.
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03-06-2012 21:25:17 Totero dice:
Me encanta este otro Carlos Perez; próximo, tierno, afectivo, alejado de los inquietantes escritos en que con frecuencia se esconde alguna trama misteriosa. Me encanta sobre todo, que escriba de acuerdo a su estado de ánimo y sin seguir encasillamientos previos. Eso -a mi entender- hacen al escritor libre.. Un abrazo amigo y felicidades

