Viernes 24 de mayo de 2013

Cataratas

03-06-2012 19:17 - Carlos Pérez Torres
Foto

Siempre que el niño se ponía a hacer los deberes del colegio, Pepita se le acercaba, curiosa y preguntona, y él, divertido al principio, le iba explicando las cosas muy en plan de hermano mayor, hasta que acababa impacientándose.

 

-Son palabras que tengo que buscar en el diccionario para apuntar su definición. ¿Ves? Son todas de cuatro sílabas, y la única vocal que sale es la a -le dijo a su hermanita, que lo miraba con sus ojos grandes bien abiertos.

 

Pepita no entendía esa terminología, pero le había escuchado leer la lista después de asomarse a su libreta, y sólo parecía interesada en una de aquellas palabras enigmáticas y sonoras.

 

-Tú también tienes que aprender a no equivocarte con el significado de las palabras -añadió, orgulloso de que alguien le hiciera tanto caso.

 

Al día siguiente, en su clase de Educación Infantil, Pepita sorprendió a su maestra con una pregunta directa y muy diferente a las habituales:

 

-¿Qué son las cataratas, seño?

 

La maestra frunció el ceño del mismo modo en que la abuela empezaba sus inconsolables episodios de un llanto silencioso y abundante que nadie comprendía que durara ya tanto tiempo.

 

Después de haber soportado sin mucho interés las explicaciones relativas a qué tipo de animal era una salamandra, o de calzado una alpargata, o de danza una zarabanda, o de planta una albahaca, Pepita había empezado a inquietarse. Con 'almadraba' y 'almazara' se confundió un poco, y sólo esperaba ya que por fin le llegara el turno a aquella palabra que ella siempre había oído asociada a algún tipo de problema en los ojos de su abuela.

 

Justo cuando iba a llegar el momento, se presentaron en la casa los amigos de su hermano con el balón de reglamento, y los ejercicios de Lengua quedaron interrumpidos hasta después del partido.

 

-¿Qué son las cataratas, seño?

 

La maestra frunció el ceño, sorprendida por la pregunta, y luego se agachó junto a la niña para enmarcar entre sus manos su carita redonda, y le dijo con dulzura:

 

-Las cataratas son unos lugares por donde cae mucha agua. ¿Has visto alguna en la tele?

-No, pero mi abuela tiene.

 

Al entrar en la casa de regreso del colegio, Pepita se soltó de la mano de su hermano y corrió para acercarse a su abuela, que siempre estaba callada y triste en su rincón junto a la ventana. No le dijo nada; sólo la miró a los ojos y luego le dio un abrazo. La abuela notó que el sentimiento se le desbordaba, y al brotarle las lágrimas fue como si quisiera recompensar a su nieta con una demostración, para ella exclusivamente, de las cataratas que tenía escondidas en sus ojos.

 

Comentarios (5)

  1. 08-06-2012 08:40:42  Manuel Requena dice:

    Como dice mi compañero Totero, me gusta tanto este Carlos Pérez intimista y sensible como el inquietante de otros escritos. Como siempre un placer leerte, amigo. Un Abrazo.

  2. 07-06-2012 14:32:40  Carlos Perez Torres dice:

    Un bucle en el diálogo nos lleva hacia atrás y hacia adelante para que, partiendo de la curiosidad inicial de la niña, acabemos comprendiendo mejor la confusión en su mente infantil. Como dice su hermano, Pepita debe aprender a no equivocar los significados de las palabras y los contextos, pero ya irá creciendo, y en tanto que el tiempo pasa, ¡hay que ver lo bien que sienta un abrazo! No hay dudad de que el cariño también pude demostrarse sin palabras, sólo con un gesto.

  3. 06-06-2012 19:04:42  Jose dice:

    Los niños siempre van por otros parámetros que los adultos no intuimos; los niños, son lo mejor -casi lo único limpio- que nos rodea; los niño son los ángeles que nos ponen la mejor nota en la sinfonía de la vida.

  4. 03-06-2012 22:37:53  Maria Angeles Lopez dice:

    Me ha gustado este giro. Hay que observar a los niños y analizar sus preguntas. Yo, por mi edad me doy cuenta el como nos miran los nietos. Y cuantas preguntas nos hacen. Si yo te contara...ellos ven más allá que la propia familia, y cuantas veces hay que disimular. Un abrazo amigo Carlos.

  5. 03-06-2012 21:25:17  Totero dice:

    Me encanta este otro Carlos Perez; próximo, tierno, afectivo, alejado de los inquietantes escritos en que con frecuencia se esconde alguna trama misteriosa. Me encanta sobre todo, que escriba de acuerdo a su estado de ánimo y sin seguir encasillamientos previos. Eso -a mi entender- hacen al escritor libre.. Un abrazo amigo y felicidades

Escriba su comentario acerca de esta noticia:

Nombre
E-mail
Comentarios
  Condiciones de Uso
 
Subir